Se vacían los campos. Restos de casas, ninguna huella. Sólo piedras apiladas que atentamente observa. Es tarde, pero se queda junto al árbol. Fotografía su sombra: la forma en que coincide con el borde de un tronco, las oscuras variaciones de la hierba. Siente una grave compasión. ¿Qué día es hoy? Deja espacio para escribir después la fecha. Anota: Los frutos amargos deben madurar.
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1 de febrero de 2018
9 de agosto de 2017
Una casa en el desierto
El camino es angosto. El río está lejos. Aquí, ante la inmensidad, ¿para qué? Abubillas cruzan el sendero. Escucho una voz.
Hay una casa en el desierto, donde la tierra es yerma. En ella tiene su mundo una raíz. Se alza cada vez la luna en la montaña. La dejo atrás. Es roja.
Por el silencio distinguimos a un animal de otro. Limpiamos una porción de terreno apartando ramas, piedras. Dormimos. Se hace de noche. El tiempo se asemeja a la superficie del agua cuando pasa el viento.
Alguien dice el nombre de una constelación: Orión. Y de un planeta: Júpiter. No puedo ver con claridad un rostro. El pájaro nocturno canta sobre mí. Guardamos el sonido, no sabemos por qué.
Los roedores hacen ruido cuando tratan de entrar. Por la mañana busco huellas invisibles. De vuelta a la senda cruzo el campo vacío, donde se han secado este verano las encinas más jóvenes.
23 de mayo de 2017
Una gruta azul
Sobre la mesa hay una piedra. Tras la pantalla, la imagen de un árbol. Alguien se sienta y anota: escribir para dar voz a las cosas. No traducir el mundo en palabras. Traducir lo real de las palabras, la música que otorgan a las cosas mudas.
El poeta dice para que el mundo exista. En el papel, su palabra es una mancha; leída, apenas un sonido.
¿No hemos supuesto demasiado? Asombrarse con el más leve, insignificante reflejo. Volver a los días subterráneos. Un excavador deja tras de sí la elevación. Recorre un camino que él mismo ha ido vaciando. Sabe de la tierra lo que no es. Busca una gruta azul.
La mirada es un silencio musical. Como una melodía inversa, no termina en el silencio: empieza en el silencio. Dirigimos la atención hacia un espacio interior. La conciencia se forma en condiciones que ignora (y ha de ser así). Cámara oscura. Sobre un fondo plateado aparece la imagen. Muestra algo oculto en la visión: un secreto del ojo. Cada fotografía es un pozo: su límite vertical, su dirección hacia adentro. Tan sólo su apariencia es plana.
Un animal se arroja a la montaña. Las cumbres cuidan de la última luz. Alguien llega caminando. Se sienta en la fuente antigua. Al anochecer, el sonido de los insectos. La cámara recoge el movimiento de una estrella, línea blanca sobre el monte. La tensión del mundo se concentra, el resto se retrae. Como un oído, el ojo no es sensible a la luz, sino al tiempo.
22 de marzo de 2017
Sobre una piedra
Quien pone su mano sobre una piedra sabe de un latir. Pero no porque haya vida en la materia, ni porque todo esté, como dijo Tales, lleno de dioses. Es porque posee el espacio la cualidad de un misterio que algunos han llamado tiempo. — Ponemos la mano y el oído para escuchar: llega un rumor de límites que dura como el mundo. Las cosas muestran, pero ocultan también lo más extraño: son. Alguien las observa atentamente. Nos han dicho que mirar es conocer. Pero mirar es crear, si la existencia es más débil de lo que habíamos supuesto: débil porque viene yéndose, como el instante. Las cosas están abiertas en el mundo. No basta con afirmar su apariencia: nada es más móvil que la apariencia. Son apariciones. Sobre ellas, como sobre una piedra, ponemos la mano. La sentimos vibrar. El espíritu, habitante o no del cuerpo, está ausente. Lo que somos vibra en contacto con lo que hay afuera. Hay un afuera. Y somos ahí. Lo miramos. Toma forma. Es el misterio de ser, de durar. — Una vez, subiendo una montaña, llegué a una cumbre vacía. La atravesaba la luz. El ascenso es a la vez un camino que baja. Respiración oculta en el centro de un corazón. Late como la piedra al comenzar. Alguien calla, sin asentir ni negar. Sobre una arista que se eleva en la tierra. La mirada en la quietud deja paso a un silencio. Entonces una imagen va naciendo en la sombra. Una materia oscura se agrieta, la luz se dispersa. La fotografía, lentamente, aparece.
(Un texto para Diálogo en la montaña)
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