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22 de junio de 2017

Duración

Ver con mayor nitidez una superficie cada vez más borrosa. — El río se hacía profundo bajo el puente. Lo cruzamos. Se posa sobre un pie el insecto azul. Resplandece como la luz en la piedra. Un pensamiento claro se abre, el más sencillo: permanece inmóvil ante lo difícil, escucha la duración.  

El ojo del mundo no ha parpadeado. Simplemente ha visto más allá de la imagen, más allá de la idea. Ningún lenguaje puede dar cuenta de lo que no pertenece a la visión, ni tampoco a la palabra. Entre cada nota del piano un silencio se anuncia. El mundo es la partitura de una melodía por escuchar. El ser, para mostrarse, exige callar.

7 de mayo de 2017

Metamorfosis del aire

Una enseñanza intraducible: ascenso oscuro, ciudad vacía. La tarde extiende su piel rojiza. Superficies calladas. La naturaleza gime.

Antes de entrar hacemos una inclinación: las manos juntas, inspirar, dar un paso hacia adelante. Unas hojas de menta, sólamente, y se transforma el aire. Sentimos una pulsación.

Pared blanca. Entre todas las voces, una más clara, más lenta, dice: no ser demasiado elevado. No perder un apoyo simple, verdadero. Fidelidad a la raíz. Fidelidad a la tierra. 

Entre todas la voces, escuchamos la que habla más bajo.

25 de abril de 2017

Partitura

La lentitud es un signo de la pasión: nada es más apasionado que contemplar. Lento, simple hacerse uno con el ojo. (Yendo hacia afuera, cada vez más profundo).

Zonas de lo visible. Surgen, se ocultan, llegan hasta el reino del ojo. Dentro del ojo hay un oído. Ante la belleza, el oído es un templo vacío. Algo cruza la mirada. Cumple una orden, íntima y propia. El oído en el ojo atiende al instante. Escucha las preguntas que el tiempo le hace. No responde. 

La visión es musical para este oído. Atravesando todo, se hace denso. La imagen se transforma en partitura. No hay piedra, sombra, árbol que no haya de ser interpretado. — Mirar es una pasión lenta.

13 de abril de 2017

Oración

Un compositor en una celda. Sin lápiz ni papel escucha atentamente el tiempo. En el aire escribe una sinfonía invisible. Sostiene la partitura en su mente como si fuese una oración. Y es una oración: desde que te fuiste, vivir es estar de camino a ti. Se sienta frente al piano. Pulsa una tecla. Cuatro instrumentos, sólamente. Stalag VIII es el nombre del lugar. ¿Compone para ascender a la cima del dolor? No lo sabe. La música es un camino a la naturaleza. Si la senda es estrecha, o si en un punto la pierde, entonces calla. En el centro de la música existe, quizás, la redención. Algo transcurre en torno al centro inmóvil de la música. Infinitamente lento. Guardamos silencio. 

Escribió Eckhart: “¿Adónde tengo pues que ir? A ninguna parte, a no ser a una naturaleza desnuda y vacía: ella me podría enseñar lo que yo le preguntaba en palabras”. Escuchamos una música que nos dirige a lo callado. Nada existe más vacío que una cumbre. A veces la montaña se resiste al que quiere subir. 
 
Aquella era una montaña que la luz escribía por el aire. Una línea (tenue) acompañaba su forma. En la distancia la observábamos durar. En la partitura invisible, con un gesto apenas visto, algo musical apareció.

21 de marzo de 2017

Voz de Nadie

En la sombra una imagen. Antes, la decisión. Antes la mirada. Aún antes un deseo que se hace visible, que es sentido en el cuerpo: deseo de lo que dirige la acción y piensa. Antes de pensar, el instante vacío. Así miramos y estamos en el mundo. ¿En su interior? ¿En su exterior?

En el tiempo de la imagen y de la vida. Cada vez más leves, a veces más pesados en él. Con la gravedad que sólo ahora se vuelve audible. Todo esto puede ser, manteniendo la atención a lo que toma forma aquí, fotografiar.

"Seguir el rastro del cuerpo", y escuchar la voluntad. En el cuerpo: la metamorfosis. - No la que sucede una vez, sólo una vez, sino la metamorfosis continua de lo que vive. Donde se abre el ojo. En él se dan las transformaciones - no frente a él. ¿La voz de nadie? Nosotros callamos. El descenso como forma de ascensión.