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30 de enero de 2021

De nuevo

"Nada es necesario, salvo la adecuada disposición para el comienzo: esto sí. Sobre la mesa de una casa de Brandemburgo (aún recuerdo el nombre de la calle: Dorfstrasse; y de la estación: Drahnsdorf) había un libro que, durante el tiempo que estuve allí, no supe ver. En este libro, sólamente después, descubrí el perfil de una montaña bajo la luna, y el fuego al acercarse calcinando lo que en la página anterior había resplandecido. No el verde de la hierba, sino el de la fotografía de un monte demasiado verde para existir. 

Entonces supe que el color no iba a apagarse al compararlo con el sendero que, lleno de modificaciones sombrías, se cubría de hierba en la salida de la estación, y recorría siempre de regreso. Por el contrario, el color visto en la página indicaría más claramente una dirección para mirarlo y descubrirlo en el mundo. Aquel era su sentido.

En una casa diferente, ahora que la hierba impresa vuelve a ser quemada, es extraño admitir que al detenerme ante la imagen con la atención que presto siempre a los objetos menores, tengo la impresión de que he aprendido a ver el libro pero he dejado de apreciar los innumerables tonos de la hierba."

Marzo, 2019.

24 de septiembre de 2019

Las hondas superficies

"Entre el lector y el libro se intercambia un silencio. Lo abrimos. Lo dejamos sobre la mesa. Esta acción sencilla tiene el carácter de una invocación. En él hay un espacio no interpretado aún, como un camino al dibujarse, muy débil, en la tierra. Toda lectura requiere acallamiento. La preparación para el libro: un gesto interior.

Con el deseo de alcanzar esta vivencia, pero sabiendo que no puede buscarse, un pensador ha puesto rumbo a la naturaleza. Estas eran las cosas vistas: el movimiento del maíz, o el animal que pasa sin hacer ruido. Ante ellas se ha vuelto suave la indefinible soledad. El pensador ahora siente que ya puede vivir, dedicado enteramente a la posibilidad poética de ver: no al mirar esto o aquello, los objetos que salen a su paso, sino algo mayor, como una red que los sostiene para que se muestren."

Diciembre, 2018.
Más aquí. 

20 de marzo de 2019

Imágenes de las mañanas de marzo

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Sensación y realidad. Estar más cerca de la luz, donde el objeto es recipiente de una intensidad que no le pertenece. La visión es el único, el último enigma.

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Quien se adentra en soledad conoce a su animal. Allí renueva su fondo. Tenemos, oí decir, un pelaje más áspero, pero una piel suave. Y más tarde: para ir a la serenidad basta ir con serenidad. En el camino de regreso, estando solo, vi por primera vez la hierba oscura, y un guijarro que brillaba, muy débil, como el granizo en la tierra.

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Rastro de agua deshelada. Una casa nos llama desde su afelio, desde su verano futuro. Repentino verdor azul.

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No saber qué es tocar — presencia indefinible de lo común — pero estar siempre dentro de lo táctil. Antes de escribir, la concentración del tacto en la piel de los dedos. Un alrededor se incorpora: se vuelve interno el exterior. Algo se alza y a la vez se hunde en el ser. (Así el ser alza las cosas al hundirse en ellas.)

*

Un significado es un ruido hecho palabra. Es la imagen que la palabra invoca, relación imaginaria entre los ruidos y las cosas. — A la inversa, hace falta una escucha muy honda para descubrir en la palabra su sonido, su ruido.

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El humo reclamaba al pensamiento. (Para un observador distante, la columna gris era tanto un signo de peligro como una posibilidad de encuentro). Fuego y peligro: fuego y amistad. 




12 de octubre de 2018

El canto

Afinamos el órgano para el canto más débil: una voz. Levantas una piedra; la habitan seres con propia duración. En ellos no hay quietud, como en el árbol hueco, o en el acceso de la madriguera custodiada: tampoco allí hay silencio. 

Ahora torrente abajo, como las plantas que se vierten en el campo: mata, espino blanco. O bien la zarza, eclipse del sendero. (Pero no el helecho, tan fácil de pisar) 

19 de marzo de 2017

La duración visible

Mirar es el comienzo, lo más transparente y oculto para el fotógrafo. Hemos supuesto, demasiadas veces, que mirar es un mero recorrido visual por lo real. Pero mirar es más bien una forma de apertura y de creación: apertura porque algo llega hasta nosotros; y creación, porque sólo al mirarlo toma forma, existe. Para la mirada, el espacio es una zona indefinida en la que parece desplegarse el mundo. Pero lo decisivo es el tiempo: todo mirar es una experiencia de duración.

Vamos a pensar la fotografía como una investigación sobre la mirada. Pensar la fotografía quiere decir: observar atentamente cómo es fotografiar. La propuesta aquí es considerar la mirada no sólo cómo una parte más del proceso fotográfico, sino como de hecho el momento esencial que sostiene al resto de la práctica. Vamos, por tanto, a pensar la mirada, observando con atención, intentando descubrir de qué manera es un proceso que transcurre en el tiempo y cómo nos incumbe. Fotografiar puede ser entonces una investigación sobre el tiempo: sobre lo perdido, sobre lo que permanece y lo que aguarda, sobre lo incierto. En otras palabras: una investigación sobre lo que se transforma y dura, sobre la duración.

(Introducción del taller La duración visible)